




Me gusta probar actividades nuevas constantemente, solo para vivir algo distinto, ampliar mi conciencia y comprender un poco más. Nunca he entendido el ritmo monótono de la vida, la rutina, la espera de la jubilación o los viajes pasivos. Si viajo, es para descubrir y sentir espacios nuevos. Si trabajo, es para aprender o encontrar algo que aún no conozco. Cada día me propongo un reto: aprender un oficio diferente, leer un libro nuevo o apuntarme a una formación en la que nunca he estado antes.
Creo que estamos en este mundo para crear y vivir experiencias. Intento ser fiel a esa misión cada día.
Mi filosofía de vida siempre se apoya en estas palabras de Ralph Nelson Elliott:
Solo quienes se atreven a correr el riesgo de ir demasiado lejos pueden descubrir hasta dónde es posible llegar.
Cuando escuché por primera vez el término “Rebirthing breathwork”, busqué información sobre él, me atrajo la propuesta y, al mismo tiempo, me resultó extraña, nueva y desconocida. No sentí la necesidad de probarla enseguida, pero la idea siguió rondándome. Un día me ofrecieron participar en una formación holística de Akasha con Jack Makani, y allí me comentaron que también habría una sesión de rebefing. Como era algo totalmente nuevo para mí y tenía el sabor de una experiencia distinta, decidí probarlo. La formación de Akasha me gustó, pero después de la respiración comprendí con claridad que era la práctica más poderosa de todas. Vi cambios enormes en mí y en otras personas.
Decidí repetir la respiración en sesiones individuales y grupales, y muy pronto entendí que no solo quería practicarla, sino también compartirla con todo el mundo.