
Sarah Baldock comenzó a practicar yoga en 2010 y, con el paso del tiempo, su vínculo con esta disciplina se fue haciendo más profundo. Aunque siempre llevó una vida activa gracias al fútbol, la danza y otras formas de movimiento, pudo experimentar de primera mano cómo el yoga puede sostener el bienestar físico, mental y emocional en la vida cotidiana. Motivada por esos beneficios, completó su formación de 200 horas como profesora en 2019, con el deseo de compartir esta práctica con otras personas.
Sarah suele encontrarse en el estudio o practicando en casa, y esa misma energía estable y centrada es la que transmite en sus clases. Fuera de la esterilla, disfruta colaborar como voluntaria con grupos medioambientales locales, pasar tiempo con su gato, jugar a videojuegos y leer. En sus sesiones, los alumnos pueden esperar un ambiente dinámico y alentador, con espacio para retarse, sudar, divertirse y moverse al ritmo de excelente música rock.