La formación chamánica de Sergio proviene del pueblo Kamsá Biyá, en Sibundoy, una zona reconocida en Colombia por su extraordinaria diversidad de plantas medicinales más allá de la ayahuasca. Aprendió de Maria Concepción Chindoy y de su hijo Taita Miguel, quien comenzó a cocinar ayahuasca a los ocho años y profundizó su conocimiento junto al pueblo Siona, considerado por muchos como portador de la tradición más profunda de ayahuasca en Colombia.
En Harmonica, se honra tanto el linaje Siona como el Kamsá, entrelazando sus saberes y formas de trabajo. Antes de convertirse en chamán, Sergio fue profesor de filosofía y atravesó una búsqueda personal de sentido. Ese recorrido le permite unir la comprensión intelectual con una sabiduría encarnada que solo llega tras años de relación con la medicina.
Filosofía
Su manera de acompañar se apoya en la paciencia y en el respeto por los tiempos de la medicina. Con frecuencia recuerda a los participantes que no deben apresurar su proceso, algo especialmente importante para quienes llegan desde Occidente esperando transformaciones inmediatas. Para Sergio, la ayahuasca es una herramienta de introspección profunda, lo que él llama auto conocimiento: conocerse a través de uno mismo.
La seguridad es un principio innegociable en su práctica. Mantiene una política estricta de cero riesgo y solo sirve ayahuasca cuando tiene la certeza absoluta del bienestar de la persona. No existen concesiones cuando se trata de la salud de los participantes. Su filosofía también honra a la Madre Naturaleza como la maestra más antigua de la humanidad, la fuente a la que podemos acudir para sanar neurosis y dificultades.
Especialidades
Sergio aporta a la ceremonia una presencia intuitiva y atenta que los participantes suelen percibir como profundamente tranquilizadora, sin resultar invasiva. Su afinidad por la música y la sanación sonora distingue sus ceremonias: trabaja con entre 10 y 15 instrumentos diferentes, además de la guitarra, el tambor y la armónica, creando paisajes sonoros ricos que acompañan el proceso de sanación.
Como padre de dos hijos, comprende de manera muy personal la responsabilidad de cuidar y proteger. Más allá de su rol ceremonial, también asume la dirección del centro de retiro y cultiva la armonía del equipo, asegurando que todos trabajen con intención compartida y cuidado mutuo.