
Sonia descubrió el yoga por primera vez a los 18 años. Tras varios años explorando distintos estilos, desarrolló una profunda pasión por el Ashtanga Vinyasa Yoga y desde entonces ha dedicado su vida al estudio del yoga en todas sus expresiones. En 2014 dejó su trayectoria en el ámbito del Desarrollo Internacional para comenzar a enseñar yoga, dando un giro vital guiado por la vocación y la práctica. Para ella, el yoga es una experiencia encarnada de autoindagación y conexión con lo divino, con un enorme potencial sanador y una dimensión somática muy profunda. Desde el principio lo vivió como algo terapéutico y transformador, hasta convertirse poco a poco en una forma de vida. Hoy comparte esta práctica con gratitud, para acompañar a otras personas en su propio camino hacia la transformación personal y la libertad.