
Madre Aya me enseñó que no necesito ocultarme y que no existe lo correcto o lo incorrecto, sino la vida desplegándose tal como debe hacerlo.
Mi camino hacia la verdad y la felicidad me llevó por el cristianismo, el budismo y el hinduismo. En ese recorrido, profundicé en yoga kundalini, trabajo de respiración y trabajo de la voz, además de formarme en masaje deportivo y como guía en ceremonias de temazcal.
Una y otra vez creí haber encontrado aquello que buscaba, pero se desvanecía entre mis manos como la arena. Todo cambió cuando participé en una ceremonia de Ayahuasca: entonces, las piezas encajaron y el viaje se convirtió en la respuesta a todas mis preguntas.
Deseo para ti una experiencia así, capaz de abrir claridad y sentido.
En mi labor, lo que más valoro es conectar con las personas desde el alma.
Siento una profunda gratitud por estar viva y por compartir esta vida con quienes me rodean.