
Nacido como J. Donald Walters el 19 de mayo de 1926, Swami Kriyananda fue discípulo directo del gran maestro Paramhansa Yogananda, autor de Autobiography of a Yogi. Profundamente inspirado por el sueño de su gurú de crear comunidades espirituales, fundó Ananda en 1968. Lo que comenzó como una sola visión se convirtió con el tiempo en un movimiento internacional con comunidades prósperas en tres continentes.
Swami Kriyananda falleció el 21 de abril de 2013 en Asís, Italia, a los 86 años. Incluso en sus últimos años, continuó sirviendo a su gurú a través de la escritura y las conferencias.
Durante más de 60 años, dedicó su vida a ayudar a otros a sentir la presencia viva de Dios en su interior. Enseñó en cuatro continentes y en siete idiomas, compartiendo las enseñanzas prácticas de Raja Yoga de Yogananda con millones de personas mediante charlas, más de 400 composiciones musicales y 150 libros.
Gran parte de su vida transcurrió en el servicio monástico. Como swami de la rama Giri, o de la Montaña, de la antigua Orden Swami, siguió el mismo linaje que su gurú y el gurú de su gurú. También fue guía espiritual de Ananda Sangha Worldwide y, en 2009, fundó la Orden Nayaswami como una nueva expresión de renuncia.
Su liderazgo se distinguió por una fuerza serena y un servicio alegre. Supo inspirar confianza, creatividad y amistad, colocando siempre las necesidades espirituales de los demás por delante de las suyas.
Desde joven, Swami Kriyananda soñó con construir comunidades utópicas. En 1949, durante una reunión en un jardín en Beverly Hills, Yogananda anunció que había llegado el momento de crear “World Brotherhood Colonies”, comunidades basadas en una vida sencilla, un pensamiento elevado y la fraternidad divina. Kriyananda sintió ese mensaje con intensidad y se comprometió a hacerlo realidad.
Casi 20 años más tarde, fundó Ananda Village en el norte de California. Hoy es una comunidad espiritual próspera de 900 acres, con más de 200 residentes, además de escuelas, negocios y retiros. Ese lugar se convirtió en la base de las comunidades Ananda que hoy siguen expandiéndose por el mundo, guiadas por dos de sus principios esenciales: “People are more important than things” y “Where there is adherence to dharma, there is victory.”
En 1948, inspirado por la lectura de Autobiography of a Yogi, viajó desde Nueva York hasta California en busca de Paramhansa Yogananda. Primero lo buscó en la ermita de Encinitas y luego en la iglesia de Self-Realization Fellowship en Hollywood, hasta que finalmente obtuvo un encuentro inesperado. En esa breve pero intensa reunión, Yogananda le dijo que solo había accedido a verlo porque Dios se lo había indicado y lo aceptó como discípulo. Ese instante marcó el inicio de su relación gurú-discípulo.
Swami Kriyananda continuó muchas partes de la misión de Yogananda que aún no se habían cumplido, reconociendo las posibilidades más profundas ya presentes en la obra de su gurú. No buscó ser recordado como una personalidad, sino como un canal a través del cual pudiera fluir la luz.