
Guardián de la luz. Diruá masa, miembro del pueblo del amanecer y de la tribu del arcoíris.
Custodio del espacio sagrado de ceremonia. Alquimista espiritual y de medicina de plantas.
Desde la infancia, y a lo largo de toda su vida, ha sentido el llamado de un mundo más bello, más sutil y más consciente. Desde muy joven, la gracia divina, la belleza, el misticismo, la comunicación consciente y el servicio a los demás han sido parte esencial de su camino.
Su recorrido ha estado marcado por la luz y la oscuridad, por aprendizajes que lo han llevado a buscar desde el inicio un despertar consciente y espiritual. Con el apoyo de la medicina ancestral, ha orientado su vida hacia la unión con todo lo que existe, aquí en la tierra y más allá. Es aprendiz y facilitador de las medicinas sagradas Yagé, Rapé y Kambó.
Según la tradición Cofán, al principio no existía nada. Solo estaba el dios Chiga, creador del Sol y la Luna. De un rostro luminoso, con dos estrellas como ojos, nacieron las plantas y los animales. Al final, pronunció: “Es tiempo de llamar a la gente”. Entonces los convocó con un grito, y aparecieron seres adornados con plumas de colores y flores fragantes diciendo: “Somos los Cofán”. El Sol y su esposa, la Luna, recorren el cielo en una canoa y lo cubren una vez al día, iluminando el universo.
El pueblo Cofán está compuesto por unas 2.100 personas originarias de la provincia de Sucumbíos, en el noreste de Ecuador, y del sur de Colombia. Los Cofán, también llamados Quijos, son horticultores itinerantes, pescadores y cazadores-recolectores. Cultivan maíz, yuca, banano, frijol, ají, café, arroz y árboles frutales. Algunos hombres trabajan como jornaleros en fincas de colonos. En Ecuador, se dedican también a la construcción de canoas de fibra de vidrio. Son pequeños agricultores. Las mujeres elaboran y comercializan semillas, fibras naturales y artesanías en barro.
Su vínculo con la naturaleza es armónico. Son protectores y guardianes de ella, así como cuidadores de su pueblo y ejemplo de paz y fraternidad. Su lengua, exclusivamente oral y en peligro inminente de extinción, se llama A’ingae y no ha podido clasificarse dentro de ninguna familia lingüística. Es una lengua aborigen única en su linaje, mantenida viva en la mayoría de las comunidades mediante la comunicación cotidiana. La mayoría de los Cofán también habla español.
Como otros pueblos indígenas de la región, mantienen una relación muy cercana con las plantas medicinales y mágicas. El Taita, o Mayor, es una de las figuras más importantes de su organización social: representa la máxima autoridad tradicional. En su sistema de representación, el Yagé es fundamental. Los Taitas Cofán gozan de gran reconocimiento entre otros pueblos indígenas por su amplio conocimiento del Yagé, y son considerados maestros y grandes sabios, por lo que reciben profunda veneración.
El Yagé se utiliza en contextos rituales para la adivinación, la toma de decisiones, la resolución de conflictos y el tratamiento médico. Dentro de la cosmología Cofán, las enfermedades se dividen entre aquellas de origen físico y las de origen mágico o sobrenatural. El Yagé también sirve para diagnosticar afecciones, conocer pulsos y orina, realizar visualizaciones y manejar la huaira. Según la Organización Nacional Indígena de Colombia, para los Cofán la educación y la cultura se sostienen sobre cuatro pilares: el pensamiento de los mayores, las lenguas nativas, las plantas sagradas y las normas y valores culturales.
En la actualidad, los Cofán controlan cerca de 4.000 km² de selva tropical, apenas una parte de los más de 30.000 km² que pertenecieron originalmente a su nación. En Ecuador, sus tierras ancestrales han sido contaminadas principalmente por empresas petroleras. En Colombia, sus territorios han sido invadidos por ganaderos, cultivadores de coca y compañías petroleras.
Hoy, su organización se basa en la comunidad. Su unión dio origen a la Organización Indígena de los Cofán del Ecuador, OINCE, que reformó sus estatutos para constituirse como la Federación Indígena de la Nacionalidad Cofán del Ecuador, FEINCE.