
Procedente de la sagrada ciudad de Rishikesh, en India —considerada ampliamente la cuna del yoga—, Anil aporta a cada sesión una presencia serena, cercana y al mismo tiempo inspiradora. Su recorrido, forjado a través de años de estudio profundo y disciplina espiritual, se refleja en una forma de enseñar que combina vitalidad y reflexión, generando un espacio propicio para crecer tanto dentro como fuera de la esterilla.
Sus clases se distinguen por la energía, la dedicación y la compasión con las que acompaña a cada alumno. Gracias a un enfoque auténtico y accesible, cada práctica se vive de manera dinámica y enriquecedora, sin perder la conexión con la tradición. Ya sea en una sesión más activa o en una experiencia más introspectiva, su guía constante invita a cultivar la concentración, la confianza y una conexión más profunda con uno mismo.