
Procedente de Rishikesh, en la India, conocida como la capital mundial del yoga, este maestro transmite a cada alumno la riqueza de la práctica tradicional con una mirada serena y comprometida. Su recorrido le llevó a la disciplina silenciosa de la vida en un ashram, donde comprendió la importancia de los Yamas y Niyamas, las bases éticas y morales del yoga. Para él, no son enseñanzas accesorias, sino una parte imprescindible del camino hacia un crecimiento espiritual auténtico.
Su enfoque entiende el yoga como algo mucho más profundo que el trabajo físico. Inspirado por la idea de “समत्वं योग उच्यते”, que alude a la ecuanimidad de la mente como esencia del yoga, propone una práctica que ayuda a aquietar la mente, ampliar la conciencia de uno mismo y despertar el potencial interior. Su forma de enseñar refleja la convicción de que el yoga nutre el alma, afina el intelecto y favorece una manera de vivir más equilibrada y consciente.