
Me crié como una deportista comprometida y empecé a practicar yoga a los quince años. Muy pronto, la práctica me llevó a una transformación personal profunda, mostrándome su capacidad para favorecer la sanación de la mente, el cuerpo y el alma. Esa experiencia fue la que me inspiró a compartirlo con otras personas a través de la enseñanza.
Vivo mi práctica tanto dentro como fuera de la esterilla, y valoro profundamente la filosofía yóguica como parte de la vida cotidiana y del trabajo humanitario. En mis clases, integro estas enseñanzas en un enfoque inclusivo que acoge todos los niveles, cuerpos, lesiones y estados mentales, con la convicción de que el yoga es para todas las personas.
Mis sesiones se guían desde una mirada sensible al trauma y están abiertas a personas de muy distintos recorridos vitales. Sigo aprendiendo del yoga tanto como lo enseño y profundizo con regularidad en esta práctica sagrada. La meditación, el trabajo respiratorio y el movimiento forman parte de cada clase, y entre mis estilos favoritos para enseñar están Vinyasa, Yin y Restaurativo.